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Debe ser más fácil alcanzar la felicidad en Helsinki o Copenhague que en Riohacha o Quibdó. Si sabemos que las primeras ciudades mencionadas pertenecen al desarrollado mundo y las segundas son de las más pobres ciudades colombianas, no es noticia la afirmación inicial. Es simplemente un axioma que no hay necesidad de demostrar. Pero, también es cierto que la felicidad se manifiesta de muy diversas formas y en nuestro Caribe alegre y tropical la felicidad no es como la pintan.

Según la Real Academia Española de la Lengua, la felicidad es un “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Sería como que la felicidad es producto de la satisfacción y esta, como decía Platón, se consigue a través de pequeños logros radicados en el crecimiento personal. Por su parte Ortega y Gasset decía que la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente.

Pero, la Organización de las Naciones Unidas desde el año 2012 designó el 20 de marzo como el día Universal de la Felicidad y viene calculando, año tras año, el Índice Mundial de la Felicidad con lo que determina un ranking considerando las variables renta o PIB per cápita, bienestar social, esperanza de vida, libertad, generosidad y ausencia de corrupción. Según la ONU en su última evaluación, Finlandia es el país más feliz del mundo, seguido de cerca por Islandia y Dinamarca.

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En ese ranking de la ONU publicado el pasado 20 de marzo, Colombia alcanzó el puesto 52 de los 157 evaluados, contrastando con los puestos 31, 36 y 37 alcanzados en los años 2016, 2017 y 2018. Muy seguramente la pandemia del 2020 nos hizo menos felices o nos afectó más que a muchos países. Y en Latinoamérica somos mucho menos felices que Uruguay, Chile, Brasil, México y Costa Rica. Dadas las variables que mide, se entiende que los menos felices del mundo sean a su vez los más pobres. 

Pero felicidad no es igual a riqueza y el ranking de la ONU lo deja claro y por eso evalúa variables diferentes como libertad que viene asociada a democracia, bienestar social, esperanza de vida y ausencia de corrupción. Es algo así como que si los países más felices son aquellos donde es más fácil no tener preocupaciones, donde se respetan los derechos humanos, donde el ciudadano no teme que lo atraquen, donde hay seguridad social generalizada, donde la vida vale mucho y donde el hombre tiene más satisfacciones que desesperanzas. Sí, es más fácil ser feliz en Helsinki.

Pero la ONU no está sola a la hora de hacer mediciones sobre felicidad. También la organización suiza WIN al igual que la encuestadora internacional Gallup hacen evaluaciones y determinan también un orden de países felices. En estas evaluaciones Colombia ha quedado en terceros y segundos puestos y los más felices resultaron ser Kirguistan y Kazajistan.

¿Cuál es la diferencia entonces? En las variables que se utilizan. Para este caso se pregunta al entrevistado si se es “muy feliz”, o “feliz” o “ni feliz ni infeliz”, o “infeliz” o “muy infeliz”. No se tienen en cuenta más variables y por ello, los más felices no son precisamente los que mejor viven. A lo mejor son los más conformes con lo poco que tienen.

¿En el Caribe Colombiano, en la Costa Atlántica y en el Departamento de La Guajira, cómo será una medición de la felicidad? ¿Muy felices? A lo mejor, hay que tener en cuenta como es el hombre Caribe.

El conocido Padre Linero alguna vez dijo que “Ser costeño es tener el infinito del mar como horizonte de la vida. Es vivir desde la alegría que nos hace caminar bailando y que nos permite relacionarnos con franqueza con el otro, reconociéndolo como un igual a pesar de la diferencia». Y Juan Gossain dice que el verdadero costeño se define por su alegría ante la vida y por su actitud ante la desgracia. El guajiro y el costeño, digo yo, vive con actitud de música y baile que le marcan prioridades de vida. Es más feliz si oye su música; es más feliz si también la baila.

Es decir, con la música y el baile expresamos nuestras emociones y nos comportamos felizmente. Eso nos indica presencia de felicidad, aunque no sea felicidad en sí misma. A la hora de estar con los amigos, por ejemplo, priorizamos el escuchar nuestra música y mover el esqueleto si es posible. De nuestra situación socioeconómica o de la represa del Ranchería, seguramente hablaremos mañana. Por el momento preferimos decir: «Ponte un silvestrazo ahí, de esos que me hacen beber, porque hoy voy a amanecer……». 

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