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Sólo comentaré aquí lo relacionado con mis dos últimas paráfrasis para quienes leyeron mis afirmaciones. Pero en ningún caso quiero responder a las críticas que uno u otro han podido hacer a mis escritos. Cuando uno se decide a expresar algo, se expone a ser criticado y por mucho que haya algo que decir, necesita a veces guardar con prudencia silencio.

Sin embargo, hay muchos que rebasan sus privilegios, para calificarse así mismo de críticos, pero que al asombrarse de su equivocación, constituyen con ello su falta de valor y honradez.

Lo malo para algunos es a mi modo de ver, que la casi totalidad de mis comentarios se basan sobre realidades, de la región guajira y de una parte de nuestro país, porque he sido yo quien la ha elegido, y lo he elegido solo, después de una meditada reflexión, que deba comentar lo humano, lo execrable y lo revulsivo, debido que es la parte en donde vivo y lo que comento se desarrolle en ese territorio.

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Así, pues, soy yo quien tiene que encajar sus propios desaciertos, equivocaciones o aciertos con mis escrito. Yo he querido siempre atacar de frente un tipo de sociedad política que se organice a derecha y a izquierda dentro de los respectivos privilegios de sus dirigentes, según el modelo fanático dominante.

Pero para los más sencillos de entre nosotros, el mal de la época al cual no escapa nuestra sociedad, se define por sus efectos no por sus causas. «Se llama Estado burocrático. Su desarrollo en algunos países, bajo los diversos pretextos ideológicos, la insolente seguridad que le dan los medios mecánicos y psicológicos de la represión, forman un peligro mortal para lo que hay de mejor en cada uno de nosotros».

Dicho sin reserva lo anterior, me da vergüenza decir como demócrata, que cualquiera que sean las razones del anticomunismo y yo he analizado algunas dentro de su concepción ideológica, no serán aceptadas por muchos compatriotas, si se abandonan a sí mismo hasta llegar a olvidar muchas injusticias que se perpetúan con la complicidad de algunos gobernantes que, a pesar con la conmiseración de nuestros políticos, es eso lo que hay que denunciar conjuntamente.

Y para los que están mal informados recordar el casi total exterminio de un movimiento político como la Unión Patriota, sin que aún sepamos con certeza, quiénes fueron los responsables directos de esta horrible matanza sin expiación posible. Todo un recordatorio para muchos que han perdido la memoria en esa lucha fratricida. 

Hay ambiciones que para mí, desde mi retiro y a mi edad no son las mías, y no me sentiría a gusto, si tuviese que andar apoyándome en la mentira para callar los privilegios de quienes en un gobierno de minorías (oligarquía criolla) gobiernan para proteger sus propios intereses, sin pensar en los más desamparados y necesitados, que se quedan con la esperanza inútil de un mejor mañana en un Estado Social de Derecho, que aplica un ‘sistema democrático’, aplicado a algo que no existe.

Pero me parece que hay otra ambiciones que debería ser la de todos los comentaristas y analistas sociales honestos: dar testimonio y gritar en voz alta cada vez que sea posible y en la medida de su valor, en defensa y representación de los que están sujetos a servidumbres voluntarias por necesidad, como la mayoría de los colombianos que requieren una verdadera justicia social.

Es esta ambición la que muchos ponen en entredicho en sus artículos. Y yo no dejaré de negarle el derecho para ello, en tanto que como dice Álvaro Salon Becerra: «Al Pueblo Nunca le Toca». Así de simple y nada más.

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