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Subestimar, es dar a una persona o una cosa menor valor del que verdaderamente tiene o le corresponde. Muchas veces el ser humano tiende a cometer estos yerros, donde el resultado final conlleva a comprender que se menospreció o minusvaloró aquél o aquello, que se creía no iba a responder a las expectativas o causar un efecto contrario y significativo al que creyó no podía hacerlo/vencerlo.

La historia ha contado innumerables casos sobre personas, eventos o inventos que han sido subestimados, se han ignorado incluso en las guerras, donde le ha costado la pérdida de esta a imperios y reinos que, en su momento, mostraban un poderío militar, político y económico.

A los once años de edad, pude entender el significado y poder de esta palabra, recuerdo en la casa de mi abuelo Chema Saurith, todos los días había que madrugar por turnos para ir en busca de 6 litros de leche, donde el señor Velásquez, con quien se tenía un contrato. Visitar a mi abuelo, tenía dichas consecuencias, quedaba uno asignado automáticamente a cumplir tales turnos.

Llegó mi turno, me despertaron a las 4:30 a. m. me lavé la cara y salí, con ese frío de la madrugada y medio dormido, observando las calles solas, aún oscuras, pude darme cuenta que el perro líder de la casa a quien llamábamos “Brandy” me acompañaba. Al doblar la primera esquina, vemos que un perro que estaba echado al frente de una vivienda, se viene corriendo a atacar a ‘Brandy’, este inmediatamente reaccionó y se formó la trifulca, saliendo vencido este último.

Fue tanto el bullicio que hicieron, que salió uno de los dueños del otro perro, quien se me acercó y me dijo: Saurith, coge por la otra calle, este perro es muy bravo y es ‘el terror de la cuadra’. En silencio lo miré y le envié una sonrisa sarcástica.

Llegué a la casa cumpliendo con el mandado y por mi mente volaban miles de pensamientos para lograr el desquite. En los días siguientes, desatendí los juegos, la comida y el sueño, pensando el próximo turno y conociéndome, ni por el carajo, cambiaba de ruta.

Volvió mi turno nuevamente, saliendo con el cántaro y dos piedras bien escogidas por si las moscas. Al instante, me di cuenta que ‘Cuky’, otro perro de la casa, me acompañaba. Le grité: “Cuky, anda para la casa”, este era de edad avanzada, aunque muy valiente y obediente, pero esa vez, hizo caso omiso y avanzó conmigo.

Al doblar por la esquina de los Zabaleta, observo que se viene otra vez, el perro de los Correa a pelear con Cuky. Solo por su vejez, pudo vencerlo, ya que le hizo mejor pelea que ‘Brandy’. Al rato, salió el mayor de los Correa y me dice: “Saurith, tú eres bien terco, no respondo si te matamos un perro, ya te lo dije, este es “el terror de la cuadra”. Se retiró, riéndose, llevando su pinche perro.

Al único que le comenté lo ocurrido, fue al ahijado de mi abuelo, tenía 12 años de edad y vivía en la casa, a quien apodábamos “El Morro”. Él, era otro de los turnos oficiales para cumplir tal misión.

En mi siguiente turno, ‘El Morro’ se ofreció acompañarme, aunque sin invitación se nos juntó “Peluche” el perro más pequeño y flaco de los del viejo Chema, por lo cual, le gritamos que se devolviera para la casa, situación que ignoró.

Al doblar la esquina de los Zabaleta, vemos que se le viene el perro de los Correa, ladrando y enseñando los colmillos, por lo que la reacción de Peluche, fue inesperada, al verlo cerca, le hizo el quite por el lado derecho e inmediatamente lo prende por el cuello bien agarraó. Al rato, vi que el otro perro perdía fuerzas, sin exagerar, Peluche lo alzó y lo zarandeó como cometa sin rabo.

Sus aullidos despertaron a los vecinos, quienes no podían creer lo que veían, mientras nosotros, riéndonos gritábamos: “Mátalo Peluche, mata a ese h… perro”. Ahí sí, salieron todos los Correa, llevándose al “ex terror de la cuadra” bien apaleado. Después, no podía ver a “Peluche” ni en pintura, se abría a correr.

Por eso, siempre aconsejo:“Prohibido subestimar”.

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