Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-

Indudablemente esta pandemia del covid-19 ha impactado a la humanidad en todos los sentidos. La pérdida de vidas ha sido lo que más nos ha marcado. Hemos pagado una ‘cuota’ muy alta, incuantificable por la partida de nuestros seres queridos; el asombro se apodera más de nuestras mentes.

Estamos esperando las noticias de quiénes y cuántos se han contagiado y quiénes han sobrevivido. En los grupos familiares, sociales y laborales, las conversaciones giran en torno de este virus, es inevitable no hablar de ello.

Sin embargo, a pesar de lo que sabemos de la velocidad del contagio seguimos exponiéndonos con las avideces de salir y compartir con amigos y familiares o también de recibir visitas; parece que hemos perdido el control de nuestras ansiedades.

-Publicidad-

No medimos las consecuencias de nuestros actos. En general se ve afluencia en los centros comerciales, tiendas, viviendas, calles, el ir y venir de vehículos en son de paseos es evidente; se escucha la música en fiestas y parrandas.

No se ha dejado de celebrar. Entonces podemos preguntarnos ¿qué celebramos, la vida o la cercanía a la muerte? No tenemos temor de nada, nos sentimos fuertes y por eso retamos a la naturaleza, a nuestro ser superior llámese Dios o de otra manera.

La reactivación de la economía ha sido un puntal que nos debe llevar a reflexionar, podemos preguntarnos ¿queremos más dinero o más vidas? Cuando salimos y vemos a la gente comprando de manera desaforada, sin guardar las medidas de bioseguridad, nos asalta el temor del contagio, los vemos tan confiados que no se detienen a pensar en lo que están causando y en lo que produciría esa desatención.

Creemos que la reactivación de la economía es simplemente vender y que unos compradores ingenuos adquieran lo ofertado. En Riohacha, en la calle primera o Avenida de La Marina, supuestamente se reactivó la economía porque instalaron unas ventas de comidas rápidas rodeadas de un entorno desprotegido de condiciones ambientales y estéticas.

Es de mencionar que, al lado de un negocio de un suculento perro caliente, hamburguesa o arepa rellena, refrescos… se encuentran animales (perros y gatos) disfrutando de los residuos que se depositan en bolsas plásticas y se amontonan en el andén central de esa hermosa avenida de La Marina; así mismo los recicladores de manera instintiva por sobrevivir también abren esas bolsas para extraer de allí su sustento.

Entonces nos vemos avocados a dos tipos de peligros, uno el del contagio por el covid-19 y el otro el del contagio por otro tipo de virus, bacteria o…

La dimensión de la estética no funciona en esos negocios, solo interesa vender y nosotros, los ciudadanos, los parroquianos y coterráneos no reaccionamos, somos consumidores de un sistema que cada día nos absorbe más y más.

Las acciones desmesuradas que cometemos son el reflejo de la poca conciencia ciudadana, de la indiferencia social que nos invade y especialmente del deseo de tener, tener y tener.

Es mejor esperar que lamentar. No nos apresuremos; esta pandemia pasará si cada uno de nosotros le apuesta a la obediencia del cuidado y a la bioseguridad, si nuestra voluntad supera los instintos podemos salir adelante mientras llega la esperada vacuna. Seamos racionales.