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Trabajar para nuestro sustento es lo ideal, día a día buscamos una mejor calidad de vida para nosotros mismos y nuestras familias; el esfuerzo que hacemos para obtener una remuneración es bastante grande, independiente que seamos empleados públicos, trabajadores independientes, comerciantes, entre otros.

En Colombia uno de los gastos más elevados que tenemos siempre han sido los servicios públicos sobre todo en esta zona del país, la Costa Atlántica padecemos de un mal en general y es pagar el servicio de energía el cual se ha convertido en nuestro mayor dolor de cabeza, dado que por mucho que ahorremos la energía siempre tenemos elevados los costos.

Nos alegramos mucho en la costa en el 2016, cuando la pandemia de Electricaribe que presta servicio de energía a toda la región Caribe pasó bajo el control del Estado colombiano, pensábamos que era la vacuna que necesitábamos para calibrar el mal servicio prestado y los cobros exagerados, situación que es un desastre para el bolsillo de las familias de los estratos 1 y 2.

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Los servicios públicos en Riohacha son pésimos, se le adiciona los costos exagerados y la corrupción apremiante, perdón los subsidios a las tarifas de servicios públicos que no se refleja en el patrimonio monetario de alivio del bolsillo del usuario; sería bueno investigar el valor, no es una idea descabellada, sino, para que vean esas cifras tan hermosas como desagradable a costilla de los usuarios del estrato 1 y 2.

¿Existen veedores?, ¿Funciona la oficina de Superintendencia de Servicios Públicos?, ¿Quién debe garantizar el buen funcionamiento de ellos? Piense estimado lector, la culpa es de la vaca.

Hay mucha inconformidad por parte de los habitantes en cuanto a los recibos se trata, es lógico saber que hay que cancelarlos, pero también es necesario entender que no estamos recibiendo unos buenos servicios de saneamiento básico, ni antes ni mucho menos en un momento de crisis que atraviesa el mundo entero, pero, los subsidios a las tarifas de servicios públicos siguen.

Además, es preocupante que en estos momentos de crisis, se den apagones, daños de redes eléctrico, ‘mantenimientos’ que duran hasta 12 horas, dañando los productos que necesitan refrigeración; ¿Quién responde?, se le suma las restricciones a las calles cumpliendo el mandato municipal día de pico y cédula.

Asimismo, para los pequeños comerciantes informarle que transita por las calles de Riohacha o se estaciona en un espacio público, no es para defender a nadie, pero considero que precisamente la preocupación no sólo es llevar el sustento a sus casas sino para llevar ese aporte para cualquier tipo de servicios que necesiten cancelar.

Como decía mi abuela, el niño que es llorón y tú que lo pellizca; el gobierno nacional en una majestuosa jugada en el semestre pasado, vendió a Electricaribe de una manera silenciosa, y nadie de nuestros representantes costeños ha dicho nada, silencio total, solo después de la venta se supo quiénes van administrar la energía o quienes van a remplazar la pandemia de Electricaribe, es decir, EPM y Consorcio Energía de la Costa, que está conformado por Latín American Corp y Empresa de Energía de Pereira.

Por otro lado, el mal servicio del fluido eléctrico ha generado inconformidad por toda la comunidad, pero más en los barrios donde no se cuenta con un contador en cada casa, puesto que la empresa contratista Energía Social no ha podido organizarse y así poder brindar un servicio de calidad; por el contrario se encarga de llegar casa a casa y ver con qué electrodoméstico cuenta la familia para poder cobrar ‘al ojo’; hay casas que sus deudas oscilan entre un millón hasta seis millones de pesos.

No se sabe que es mejor, si dejar que sigan cobrando en las facturas con altos costos o si permiten que lleguen y coloquen los contadores para que se cobre lo “justo”, mientras no haya un veedor interesado en resolver este tipo de dificultades en las comunidades no se va a resolver, solo seguirían los paños de agua tibia sin una solución de raíz.

Amigo lector, ¡Despertemos! Es momento de reflexionar; a alguien le escuché decir, que el “derecho es una construcción social, no una imposición”.

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