Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

Debo advertir al comenzar este tema, que no soy ensayista, ni mucho menos crítico literario. No obstante no puedo dejar de expresar mi opinión en forma breve y sencilla, pues un ensayo de este asunto requeriría -al menos un libro de varios tomos- de allí lo más sucinto de este escrito.

Asimismo, tengo una maníaca opinión de nuestra novela actual aun cuando me niego por supuesto a considerarla como un fenómeno social cultural latino editorial que surgió entre los años 1960 a 1970, ampliamente distribuido en toda Europa y en otras partes del mundo, sino que fue el resultados de un proceso, que si bien se le mire en comparación en América Latina con otros escritores, en un género de muy reciente nacimiento, sin olvidar que muchas obras fueron prohibidas como las de José María Vargas Vilas, a principios del siglo pasado, por considerarlas los puritanos anticlerical, mentirosas y perjudicial para la juventud.

Sin embargo, a mediados del siglo pasado surge ya una novela con caracteres propios y magníficos. Son esos grandes frescos de la naturaleza, del hombre y la violencia, que trazan con la Vorágine de Jose Eustacio Rivera, María con Jorge Isaacs, Cuervo Marques con una novela Palestina en los Tiempos de Cristo, Álvaro Mutis con El Magrioll de Gaviero, Fernando Vallejo con La Virgen.

-Publicidad-

También los Sicarios, y su Cóndor no Entierran Todos los Días, de Gustavo Álvarez Gardeazabal; Plinio Apuleyo Mendoza en Los Años de Fuga, Gabriel García Márquez y los Cien Años de Soledad, autores cuyos libros tienen resonancias inmediatas como obras modernas; y muchas otras que injustamente olvido mencionar. Todas ellas escritas en su mayoría en tiempos de batallas, unas con las letras y otras con las armas, pues la violencia es una de las generadoras de la novela colombiana.

Dentro de ese gran paso dado al frente, la novela colombiana se va enriqueciendo con la experiencia moderna y renovadora de la novela universal ( Virginia Wolf, Joyce, Henry Miller, Dos Passos, Faulkener, Ernesto Hemiguey, Thomas Man, Umberto Eco).

Luego se inicia una verdadera transformación, entre las cuales se destacan a mi juicio, Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Rómulo Gallego, Alejo Carpentier, a quienes han seguido en gran parte esa pleya de de singulares escritores y que tanto justificado revuelo han causado, en el mundo de las letras en nuestro continente. No se trata, insisto de un estallido ni de un fenómeno de generación espontánea, sino de un proceso de una gran fuente como las obras de los escritores españoles y el aporte de nuestros novelistas de principio del siglo pasado. 

Es así como la novela escrita en el idioma español de nuestro país y en nuestra América, se alza en la hora actual, con pleno derecho, para hacerle frente a la novelistica de cualquier lengua del mundo, por más notable que sea la tradición que la respalda.

Lo demás, es y no menos importante, el talento del creador de una novela, de un ensayo o la inspiración en una entelequia de un realismo mítico, sin limitaciones ni perjuicio de especie alguna en lo que escribe. Por otra parte toda novela debe tener técnica, lenguaje, transposición de tiempo y lugar, y demás ingredientes gramaticales necesarios, para no correr el riesgo que salga un disparate, de dar un paso equivocado al querer decir lo que trata de dar a entender dentro de una técnica determinada, poniendo mucho cuidado en lo que escribe para no caer en un desplante.

-Publicidad-