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Tomé aquel libro, caratula fondo negro, que contiene a un hombre sonriente, de brazos cruzados, mentón arriba, mostrando su casta y gallardía con orgullo. Al abrirlo, me encuentro con una bella dedicatoria a mi señor padre Armando López Atencio, de parte de su primo hermano Wilson Solano López.

Ahondando en el libro, nadando en aguas profundas, buceando en el interior de sus letras, me envuelve la historia de un hombre que no se dejó vencer por sus debilidades, ni por sus limitaciones, mucho menos se apesadumbró por conflictos raciales. Por el contrario, se hizo más fuerte que sus creencias.

Esta historia me atrapó, demostrándome que solo es vencido el que se queda tendido en la lona; pero el que se levanta, con o sin ayuda, para seguir adelante nunca podrá ser considerado un perdedor.

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Hasta hace poco, ver mujeres con niños de brazos, pidiendo en la calle arrugaba mi corazón, hasta que conocí historias de personas que carecieron de muchas cosas materiales, algunas espirituales y otros hasta corporales; pero aun así emprendieron con pasión, dejando sus nombres marcados en el libro de la vida.

La persona acuciosa podrá investigar la vida de personajes de carne y hueso como John D. Rockefeller, Glenn Cunningham, Stephen Hawking, Nick Vujicic, Cristiano Ronaldo, solo por citar unos cuantos.

Por otro lado, cuando corroboré que muchos de estos niños son explotados por sus padres, algunos hasta alquilados; aún más triste ver aquel cuadro en donde una mujer tiene a un niño de brazo, a otro sentado en el bulevar del semáforo, y uno que viene gestándose en su vientre, demostrando que fabricarlos es una gran apuesta para engrandecer la empresa.

Allí comprendí que con cada peso que les compartía, era más el daño que les hacía a esos infantes que la ayuda que podría proporcionarles.

Por eso al volver al libro, veo en él un gran detalle, un regalo que estimula, un obsequio que inspira a creer. Esto en nuestra querida Guajira no es común, aquí lo más elegante sería regalar una botella de Old Parr y si se desea mostrar poder, multiplicar las botellas y adornarlas con mujeres y música en vivo. Tenemos que reorientar a nuestros niños, representan el progreso y el futuro de nuestra región.

“Con toda la fraternidad que encierra nuestra esencia, para que proyectada al confín de los tiempos sea emulada por quienes nos sucedan”, así dice un aparte de esa hermosa dedicatoria, escrita con puño y letra para hacer del regalo un objeto sagrado.

Esto lo comparto como una invitación a las personas que amamos a La Guajira y que todavía soñamos con convertirla en un lugar mucho mejor, para cuando nuestra descendencia nos herede sienta orgullo de lo que fuimos y de lo que logramos representar.

BARACK OBAMA / LOS SUEÑOS DE MI PADRE / Una historia de raza y herencia: Así se titula el libro escrito por una persona que en su momento, ni siquiera se tenía en la palestra para convertirse en un símbolo y comandar a la nación más poderosa del mundo; pero demostró que se puede ser superior a las carencias y limitaciones, logrando ser el primer y único afroamericano en hacerlo.

Esto nos demuestra que como guajiros podemos soñar, sobresalir más allá de esa chabacanería y mal interpretada cultura con la que nos quieren catalogar a nivel nacional. Hace más de un siglo, en una época hostil, un camaronero lo logró. Hablo de Luis Antonio Robles, quien a pesar de su condición racial, tocó la cumbre, dejando en lo más alto el nombre de nuestra región.

Aclaro, que a pesar de que los dos personajes son de raza negra, mi interés no va encaminado en el color de la piel, sino en nuestra condición guajira, porque tenemos mucho que aportar, mucho que demostrar, pero preferimos quedarnos entretenidos con artilugios y programas baratos, mientras que otros rigen nuestros destinos.

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