Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

Era una típica mañana de algo parecido a un invierno en un pueblo del sur de La Guajira, por la ventana del cuarto era posible divisar el asomo de la montaña, X, despertó, su pie derecho fue el primero en entrar en contacto físico con la realidad de ese día, el conector fue su piso que por el polvo que sustituye la cerámica tiene cierto color rojizo.

Lo sintió frio, no tanto como el día, sino más bien como esa sensación que durante la madrugada lo arrullaba. Puesto en pie fue a bañarse, antes decidió afeitarse, debía retomar el trabajo que por el duelo pudo suspender.

Mientras pasaba la navaja por su rostro, el letargo con que lo hacía causó una herida menor que conllevó a que un hilo grueso de sangre llegara por la gravedad hasta el lavamanos, cuando creyó concluir, antes de limpiar su cara, notó como ese conducto de sangre se tornaba como un camino esquivo y sinuoso, ese día algo quería recordarle.

-Publicidad-
-Publicidad-
-Publicidad-
-Publicidad-

Ya casi culminando su vestir, sin mayores acicalamientos, “no había para quien hacerlo”, pensó, sonó la puerta de su cuarto, un golpe leve con prudencia, era su madre, quien, a pesar de no obtener respuesta, le preguntó, “mijo quieres una arepa de queso y un poco de café con leche”, X, se tomó unos segundos, y le expresó, “no, con un café es suficiente”, su madre sintió en esas palabras el ánimo de X, tal vez más gris que ese día.

Al salir del cuarto vio el café sobre la mesa, aún humeante, como un invitación a darle el ánimo y el calor que tanto el día, como él necesitaban, par de sorbos no fueron suficiente y sirvió un poco más, la madre insistía por la opción de la arepa, X, con un leve gesto de estar convencido de su falta de apetito, la tomó por la cabeza y la besó en la frente, cerro sus ojos de hecho, y le dijo “tranquila vieja estoy bien, una arepa no es lo que necesito”, ella lo tomó y le dio un abrazo que decía “aquí estoy siempre para ti”.

De camino al trabajo, X inició el habitual sendero, que había suspendido hace una semana, con sus pasos, surgió en él un sentimiento nuevo, la culpa, quizás fue esa la que lo abrazó por la madrugada, o la que marcó el camino de su hilo de sangre, o quizás era ella simplemente perdonándolo.

Luego de varias cuadras recorridas, pareció escuchar el eco de un aullido con su nombre, sonido que se hacía más fuerte y cercano cada segundo.

Eran Carlos y Beto, venían con un caminar afanado, al toparse con X, lo tomaron por los hombros en señal de acompañamiento, y le expresaron que hace días estaban tratando de contactarlo, pero no habían tenido fortuna, con los tapabocas X era poco lo que entendía, solo los tomó de las manos y dijo “Gracias muchachos, cuídense”.

Al marcharse X, Carlos que estaba un poco ajeno a los detalles, preguntó por qué tenía esa actitud de culpa, Beto quien seguía a X con la mirada, le explicaba a su amigo, que parece que fue él quien por la no precaución trasmitió el virus a su novia y tía, quienes eran a extremo precavidas, pero X hace dos meses estuvo en una fiesta, y luego de eso ellas manifestaron complicaciones al tener contacto con él.

“Sabes que ellas fallecieron por el virus hace poco más de una semana”, concluyó Beto, instintivamente Carlos reacomodó su tapabocas, como quien acaba de tener cercanía con la realidad, o por lo menos entender lo complejo y serio del asunto.

Cuando Carlos y Beto voltearon a ver a X, ya se perdía en el horizonte de una calle empinada, con la particularidad de que las nubes sobre él se disipaban y un tenue pero radiante sol se asomaba, como el encuentro del astro y la luna en aquellas alhajas que pocos meses antes X le había dado a su novia, como una muestra de luz a modo de penumbra en una noche oscura, por ello, es posible que la oscuridad este pasando para X, en tanto la lección de estos tiempos estaba duramente aprendida.

Carlos y Beto ajustaron sus tapabocas, el primero le sugirió al otro, “sabes, oremos porque los estados en nuestros chats dejen de ser por amigos y familiares en la lucha contra este monstruo que nos ha recordado nuestra fragilidad”, Beto lo tomó del hombro, y dijo “además, oremos porque la conciencia y voluntad esté llamada a la prudencia”.