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La economía es dónde y cómo vives, de qué trabajas o cómo será tu futuro, ”Marc Vidal”.

Una sociedad que se desarrolla económicamente en acciones descrita en expresiones neurolingüísticas de formación coloquial entendida como “rebusque”, “cruce” y “picada”.

Empleadas para definir el ingreso en formatos de improvisación, ejerciendo una gobernanza de supervivencia que activa la desesperanza, el egoísmo, el oportunismo y el odio, como antivalor por lo que es de todos y no es de nadie, haciendo mención al territorio que ocupamos como hogar.

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Este formato se convierte en una cultura de lo informal que emana en una conducta del ser, conocida como “anomia” (ausencia permanente de normas), alojada en la sociedad como una habitualidad que sirve para crea atajos en función de resolver las necesidades del diario vivir.

La conciencia de muchos guajiros reclama una mejor forma de sentir y aceptar nuestro territorio. Las nuevas generaciones que han tenido que emigrar en búsqueda de formación académica experimentado en otros territorios una realidad muy diferente con una lógica social distante de la que apreciamos en nuestro departamento.

Este despertar en conciencia nos obliga a la generación presente a construir un camino cierto para dejar una herencia próspera a esa generación que demanda un formato de planificación en el tiempo.

La realidad del desarrollo debe estar presente en la planificación como combustible del emprendimiento y el empresarismo para construir oportunidades de empleo digno que se describan en ingreso, superando así el rebusque, el cruce y la picada, como fuente de sostenibilidad, para que mejor forma podamos apropiar un modelo productivo en nuestro territorio, enfocado en el impulso de una plataforma logística de producción, distribución y ensamble de bienes y servicios para la industria dada las ventajas energéticas, sin dejar atrás su potencial turístico.

Para ello debemos despertar el conocimiento formativo con identidad Caribe, basada en un estilo de vida ‘afro’ fundamentada en el ‘Ubuntu’ que significa «una persona es una persona a causa de los demás” y en el aporte indígena, inspirado en el ‘Yanama’ que significa “trabajo en equipo, definido en el origen, horizonte y perspectiva de la organización indígena”.

Si logramos unir estos valores étnicos y la vallenatología como figura literaria de expresión cultural que describe el acontecer regional, estaríamos dándole sentido a una identidad y pertinencia a una marca territorial, donde el orgullo y la pasión de arraigo Caribe se convierte en la llave del progreso.

Estos elementos de identidad se reconcilian con la dignidad, al valor de región, argumentada y pensada desde la fuente del saber, en el qué hacer, con la decadencia de la exploración carbonífera, para lo cual estamos desde ya elevando una apuesta académica, que da origen a la creación de una cátedra libre con identidad y pertinencia, conocida con el nombre “Amylkar Acosta”, como un prólogo a la proyección conceptual de la generación denominada 2034.

Este propósito apunta a la construcción de una matriz de “pensamiento autónomo” donde todos podemos derrotar a los enemigos del aprendizaje definido en la columna anterior “fundamentos para el desarrollo de la cátedra libre Amylkar Acosta.

Motivando de buena manera a los núcleos familiares que se han empeñado en formar a sus hijos, en búsqueda de nuevas y mejores oportunidades a participar de este ejercicio de aprendizaje autónomo, reconociendo en principio el significado de la familia, registrada como una institución de valor a nivel territorial. en este ejercicio académico de formación estaremos experimentando la virtualidad como medio de encuentro.

Este acontecimiento marcará desde el primer semestre del 2021 un ahora para comenzar a separar el léxico coloquial que acuñan las expresiones: “rebusque”, “cruce” y “picada”. De la cotidianidad, del modelo económico que vivimos, que tiene como fundamento la informalidad, conocida como “economía de bolsillo”.

Este modelo vigente no pude seguir definiendo la suerte de nuestro territorio ni mucho menos la conductas y estilos de vida decadente que llevamos, el cual amenaza la sociedad en su organización: la familia, la empresa y el gobierno.

El llamado cordial es comenzar a pensar un territorio con una visión global y un actuar local, donde prime la cooperación, la solidaridad y el respeto por el otro, con el propósito de superar la improvisación y la concepción del tener y no del ser.