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Si hay una institución regional metida en el alma de los guajiros es la Universidad de La Guajira. Lleva ya 44 años de existencia, labrándose un futuro a puro pulso, contra todo lo que se haya querido atravesar en su camino.

A golpe de hacha, a lomo de mula, contra los malos vientos, contra ilusos gobernantes que pretendieron atajarla, contra la vieja política que quería convertirla en fuente de votos, siempre contra muchos, pero siempre también con un apoyo social mayoritario.

Desde sus inicios recorrió caminos tortuosos. Llenos de buenas intenciones casi todos, pero tortuosos, al fin y al cabo.

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Con fundamento en el documento “Estudios Básicos para Planeación y Programación de la Universidad Experimental de La Guajira“ elaborado por el entonces llamado Sipur, no solo se le encasilló como “experimento”, sino que se definió sin un análisis argumental serio que los programas de inicio serían Ingeniería Industrial, Administración de Empresas y Licenciatura en Matemáticas.

De un plumazo se marcó un camino que, a lo mejor, no era el óptimo para el momento que vivía La Guajira y su perspectiva de desarrollo. Mientras, las fuerzas vivas decían que la Universidad nacía de espaldas al mar y a sus recursos mineros. Recuérdese que corrían los años 70, en vísperas de la explotación carbonífera.

Nació como una entidad del orden departamental, con personería jurídica, patrimonio propio y autonomía administrativa pero no tenía ni patrimonio ni autonomía porque en primer lugar era como una dependencia más del Departamento, sujeta al querer o no querer del mandatario de turno y en segundo lugar porque la autonomía solo la viene a adquirir con la entrada en vigencia de la Ley 30 de 1992, ratificada en 1995 cuando el ministerio de Educación Nacional le otorga el estatus de universidad.

Las circunstancias del entorno tampoco fueron las más propicias porque atravesábamos la mal llamada “bonanza marimbera”, que sin quererlo le decía a la juventud que para qué estudiar si el negocio fácil era más rentable; que para qué quemar al menos cinco años de pestañas, si con un buen ‘corone’ bastaba. Aun así, o con todo y eso, 50 bachilleres iniciaron sus programas de Ingeniería Industrial (27) y Administración de Empresas (23). Eterna admiración para ellos que creyeron en lo que parecía una ilusión.  

Y encima de las circunstancias adversas también hubo que luchar contra el mismo gobierno departamental y de eso hay muchos testigos: No se le quería entregar a la naciente universidad ni siquiera lo presupuestado para su funcionamiento con el argumento de que era un proyecto iluso y costoso. Se priorizaban otras cosas solo obvias en mentes obtusas. Afortunadamente el primer Rector, doctor Álvaro Romero, resultó más terco y supo conducir el barco en aguas tan turbias.

Pero UniGuajira, nació para quedarse y aunque haya tropezado con tantos baches desde sus inicios, a golpe y porrazo fue conquistando corazones y llegando a los hogares guajiros con la ilusión de un mejor mañana. En 1976 no se conseguían ni docentes universitarios en la región, la gente no contaba con opciones decentes para sobrevivir, los bachilleres en su gran mayoría salían a buscar un empleo o a engrosar el desempleo y pare de contar.

Afortunadamente algo ha cambiado. Ya no son 2 los programas de pregrado sino 18 más 3 especializaciones y 7 maestrías; ya tiene UniGuajira más de 1200 docentes (cerca de 170 de planta) y ya no son 50 sino 14000 estudiantes y ni para qué mencionar el número de egresados.

Pero considero que UniGuajira como institución está metida en el alma del guajiro, porque poco a poco se ha ido posicionando contra la exclusión social, porque en ella tienen cabida todos los aspirantes independientemente de sus ingresos, porque ha promovido la interculturalidad y la equidad, porque participa cada vez más tratando de resolver los problemas sociales.

Las asignaturas pendientes serán muchas y el desarrollo institucional tendrá falencias, pero tiene la sana intención de servir a una sociedad que la seguirá necesitando. Así haya recorrido caminos tortuosos, los objetivos se van logrando con la fe del carbonero y los que de una u otra forma hemos participado en su desarrollo, estaremos prestos a su defensa.

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