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Al comenzar el año preelectoral se disparan las estrategias, las reuniones y hasta las tácticas en busca del voto. A nivel nacional dividen las ideas en franjas para apuntarse a una que garantice mayor votación. Aparecen flancos como centro-centro, centro-izquierda, centro-derecha, izquierda, derecha y hasta ultraderecha. Hay que aglutinarse para tratar de confundir y así también poder ganar. Así algunos elementos considerados de izquierda quedan en el centro y otros del centro quedan en la izquierda confundiendo a los electores.

Y el nivel regional también se mueve. El oportunismo por encima de todo. Lo que importa es quien conceda un aval que funja como respaldo de un partido político. Que piense como quiera, y que actúe según su leal saber y entender. Lo del partido es lo de menos, si todos son iguales a la hora de hablar de burocracia. El aval es lo importante, venga de donde venga.

Se calienta el ambiente electoral en el país porque el próximo es año electoral para renovar congresistas y presidente. Ya en nuestro territorio, Nueva Guajira sacó comunicado. Quiere aumentar adeptos y volverse punto convergente para aspirar así sea con la generación de relevo porque la inicial pasó a mejores días. Lo mismo harán los otros grupos porque sus integrantes también se sienten líderes naturales.

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La Guajira con un potencial electoral para el próximo año superior a los 600.000 votos también se preparará para las contiendas que se avecinan. Y si la abstención siempre ha estado rondando el 50 %, significa que hay cerca de 300.000 personas que no votan o no han votado por las razones que sean: por pereza, porque dicen que no necesitan del gobierno ni de los gobernantes, porque no confían en la clase política regional ni en la nacional, porque da lo mismo quien gane, porque todos quieren enriquecerse y no trabajan para el pueblo, etc.

Quiere decir que queda mucho voto por conquistar para hacerse a mayorías que terminen en una “dignidad” remunerada. Yo le propongo a la gente que generalmente no vota, a la que alguna vez ha votado por “venta”, “promesa” o componenda, y en general a todos los potenciales votantes, que esta vez hagamos un pequeño esfuerzo y entreguemos un Voto Honesto.

La honestidad es un valor que abarca todas las acciones y pensamientos del ser humano. El que actúa honestamente tiene un comportamiento coherente, es decir, las acciones del individuo son consecuentes con lo que piensa y dice. En consecuencia, el voto honesto es un voto de conciencia. De conciencia con lo que le conviene al ser como individuo, pero, sobre todo con lo que le conviene a la sociedad.

Si piensa que La Guajira está como está en los niveles inferiores de pobreza y desigualdad y que sus gobernantes y representantes políticos han defraudado a sus electores, no puede reincidir y votar por los mismos. Si piensa que se han apropiado del presupuesto, no puede favorecerlos con su voto honesto; si piensa que han incurrido en actos de corrupción y que por ello más de un dirigente de esos grupos políticos andan o han estado tras las rejas, su voto honesto no puede ser por ellos.

Si no solo piensa, sino que ve como exfuncionarios públicos se han vuelto ricos a costa del erario público, entonces no puede premiar a esos sujetos. Hay que reprobarlos. Recordar sí que el voto honesto no necesita sentencia judicial y que solo con la convicción es suficiente.

El voto honesto tampoco es mercancía y por lo tanto no es posible comprarlo, ni venderlo ni canjearlo. Tampoco comulga con el clientelismo, más bien lo excomulga. Solo con esta propiedad bastaría para asumirlo como norma de conducta.

Para el voto honesto solo se necesita la convicción íntima de censurar lo que causa males a la sociedad y de premiar a los que lo hayan hecho bien. Y quien acompañe a los que parecen buenos, también deben ser demostradamente buenos, porque hay que recordar que te diré quién eres si me dices con quién andas.

La Guajira, por su estructura productiva y su alta dependencia de las instituciones públicas, es una región que demanda líderes comprometidos con el avance social, que promuevan políticas públicas que combatan la desigualdad, que respeten los recursos públicos, que promuevan la inclusión social, y por último que sean honestos consigo mismos y con la sociedad en general.

Solo con ese tipo de gobernantes o representantes, se usarán honestamente las regalías y los aportes del gobierno nacional, la contratación no servirá para pagar favores políticos y la burocracia tampoco será el fortín alcahueta del clientelismo. Por eso requerimos del voto honesto.

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