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En un momento del día cuando la tarde es adornada con ese tono dorado, majestuoso y brillante, mientras la brisa mueve los arboles al ritmo del canto de los escasos pájaros que aún se ven por ahí, huyéndole a los estruendos de la pirotecnia dadas a una de las celebraciones religiosas más populares del departamento, el día de la Virgen del Carmen.

Siempre me gusta recalcar lo bonito que es este lugar donde crecí, cuanto me gusta exaltar sus costumbres, sus atardeceres llenos de colores y combinaciones tan perfectas, su gente y sus paisajes, sobre todo estos últimos que adornan y le ponen el toque a lo que muchos imaginamos que es, un paraíso, de donde saldrían postales espectaculares, como esas que usamos de fondo de pantalla en el celular.

Entre tantas cosas mientras estoy apreciando la simplicidad y la uniformidad del color del cielo y escucho canciones con melodías melancólicas, siento que se remueven sentimientos, y así, llego a pensar en lo que últimamente se ha vuelto constante, la pregunta millonaria y popular ¨¿Hasta cuándo?¨

¿Hasta cuándo podremos volver a la ¨normalidad¨? ¿Hasta cuándo volveremos a disfrutar de las riquezas que tenemos como departamento? ¿Hasta cuándo estaremos pensando en todo lo que tuvimos y no aprovechamos? ¿Hasta cuándo tendremos lista de deseos para después de esto? Personalmente lo primero que haré después de disfrutar plenamente de mi familia, será ir a ver el atardecer acostada en una hamaca en el Cabo de la Vela, apreciando uno de mis lugares favoritos en el mundo.

Analizando mi lista de deseos, pienso que ahora lo único que se pasea por La Guajira son las lamentaciones y tristezas tras las muertes de personas cercanas, de conocidos, de aquellos con las que en algún momento nos cruzamos. Hoy en día solo se pasea por estas tierras la desilusión y la desesperanza, ya dejamos de apreciar atardeceres, para ver lazos negros y rostros largos y ¿hasta cuándo habrán lamentaciones?

En toda Colombia, este pedacito del mapa ha sido reconocido durante mucho tiempo por tener paisajes hermosos, una gran extensión del árido desierto característico de estas tierras, un cielo y un mar que a mi parecer tiene un tono de azul diferente y único que se mezclan haciendo de ellos la combinación perfecta para admirar; la gastronomía tan exquisita, que a los ojos de un extranjero termina siendo exótica y para nosotros resulta ser el manjar guajiro.

El turismo siempre ha sido un rasgo potencial de la región, un aspecto del que me siento orgullosa y podría sentarme a hablar con usted que me lee, sobre las riquezas turísticas. He creído y lo sigo haciendo, antes que buscar excentricidades y vistas hermosas por fuera, debemos conocer primero nuestra casa, acordarnos de todas aquellas personas que atendernos con una sonrisa era su diario vivir, la gente que le pone esa granito al progreso del departamento.

Particularmente digo que aún me falta conocer gran parte de lugares escondidos de aquí, me falta hablar más con esos pescadores que tienen tantas historias por contar, lugares mucho mas mágicos de lo que creemos, sitios increíbles, como esa puntica del mapa donde parece que no hubiese nada más que agua.

Entonces ¿Cómo nos podríamos reinventar en el turismo? Es cierto que quizás muchos en estos momentos no están pensando siquiera en viajar y otros tantos deseamos estar con los pies llenos de arena, respirando con ganas y libertad. Aún así debemos pensar en cómo vivir con toda esta pandemia, en que en algún momento tendremos que secarnos las lagrimas, sacudirnos de todo esto y volver a salir adelante como siempre lo hemos hecho, con toda la firmeza que con orgullo poseemos.

Y con ese mismo orgullo creamos que superando toda esta crisis tendremos mucho mas por crear, porque somos capaces de levantarnos de entre tantas penas, porque sabremos cómo darle a las personas que vivían de este ámbito la recompensa de haber aguantado la espera.

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