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Así es como piensa
Marina Pérez, una matrona del centro histórico de Riohacha, que se ha ido
perdiendo la tradición, porque la fiesta de la Vieja Mello no es de los
riohacheros, es de quien venga el 2 de febrero.

La fiesta se había
estratificado entre los riohacheros, pero como tal no había tanta restricción
para entrar a la Plaza Padilla.
“Ya es una costumbre que las autoridades
coloquen sólo una puerta de ingreso a la plaza y los que vivimos en el mismo
sector no toca dar la vuelta en busca de la puerta para entrar”, afirma la
señora Pérez.
La gente de a fuera
se ha ido apoderando de las fiestas, ojalá no nos pase lo mismo que con las
tiendas, preferiblemente de esquinas, que ya no son de ningún guajiro,
puntualizó la matrona.
Ayer, como los
últimos años, llega mucha gente de varias partes del país, incluso del mundo.
Pareciera que la Catedral fuese un lugar muy pequeño. Hombres y mujeres haciendo
la fila para reclamar la vela.
 
Ayer recorrió la
procesión el gobernador de La Guajira, los alcaldes, los diferentes gerentes,
de entidades públicas y privadas, comunidad en general.
Se observó a
Angelino Garzón, junto al recién liberado Moisés Henríquez Gómez, un riohachero
que decidió escuchar la misa y caminar la procesión, con solo tener horas de
volver a la libertad.
La misma plaza
Padilla, presenta lugares muy nutridos y el sol canicular que se ensaña con los
feligreses que tratan de esconderse en las carpas que instalaron los diferentes
representantes de los medios de comunicación.