Una mirada a los
hijos de la calle
Es
normal ver en nuestros panoramas vendedores ambulantes, por doquier, ofreciendo
desde un sencillo dulce hasta elaborados accesorios. Muchas veces son sus
mismos creadores quienes se encargan de fabricar, publicitar y vender su
producto estrella.
Los más curtidos de
la calle saben cómo abordar a sus presas de forma más fácil, hasta aquí todo es
algo cotidiano, en la vida que nos está ofreciendo el mal manejo de la llamada
globalización.
Pero todo cambia
cuando personas burdas y de sentimientos claramente monetarios usan a pequeños
para ofertar productos y así asegurar las ventas del día.
Estos son los niños
de la calle en Riohacha. Que con el trascurrir de los días va creciendo la
lista bajo la mirada indiferente de la sociedad y de las autoridades.
Pues quien no ha
comprado una pulserita o un chicle a una criatura que se acerca con la cara
sucia ojos llorosos y sacando un parlamento al mejor estilo de una novela
dramática “Señor cómpreme algo, es que mi mama está enferma y no tiene para
darnos de comer”.
Está claro que estos
niños hijos de la calle no corrieron con la mejor suerte, y también está claro
que los consumidores callejeros creen que al comprarle les están ayudando para
mejor sus vidas.
Pero lo único que se
está logrando es alimentar una jauría de devoradores que se esconde usando a
estos pequeños como escudos.
Lo más triste de todo
es que este es el único estilo de vida que han conocido los infantes y se han
acostumbrado a vivir de generar lastima en otros.
Ahora se ha venido
acrecentando una problemática, los niños indígenas están siendo explotados y
comercializados.
 Es muy fácil ir caminando por la primera y
chocar con escenas de pequeños Wayuus atravesando las calles sin el cuidado más
mínimo ni la supervisión de un adulto, a altas horas de la noche, para vender
algún producto anteriormente dado por uno de sus surtidores.
Es aquí donde surge
la siguiente pregunta ¿de qué sirven las campañas que emprende el gobierno para
enseñar a respetarnos la cultura aborigen, y sembrarnos la semilla del respeto
a los niños, si ellos mismos acolitan este comercio informal con niños?. Son muchos los
interrogantes que se plantean, pero pocas las respuestas.
Hay que ver las
diferentes caras de la moneda para que cada una rinda su versión de los hechos.
Y antes de comprar
algo por lastima a un niño pensemos primeros si realmente lo estamos ayudando o
estamos ayudando a que sigan siendo explotados fácilmente.
Primera Parte
Escribió Jattin
Carolina Meneses Better