Momento cuando la joven riohachera, visita por primera vez Isla Barú, Cartagena, Colombia.
-Publicidad-

Salir de la capital de La Guajira hacia otra ciudad siempre la ha sorprendido, su madre vio tanta la emoción en ella, que le dio la oportunidad de vivir en otra ciudad de Colombia. Su intercambio de voluntariado en Brasil fue una gran experiencia donde conoció personas de más de 30 países.

Lizeth Pana Van-grieken ama su oficio, es ingeniera civil egresada de la universidad de la Costa de Barranquilla, de 30 años de edad, wayuu de la casta Epinayu, nacida en la ciudad de Riohacha.

Su travesía nace con un sueño de pequeña, cuando algunos extranjeros hacían voluntariado en la comunidad donde vivía Lizeth, entre ellos españoles, argentinos y mexicanos.

-Publicidad-

Lizeth Pana, recuerda a un español que mostraba fotos de muchos lugares hermosos, fue allí donde despertó un deseo y desde luego durante años vive viendo mapas de todos los continentes, y hasta estuvo en la famosa Microsoft Encarta conociendo culturas.

Parque de Las Aguas Lima, Perú.

Una reflexión que hace Lizeth, es donde se pregunta que los seres humanos vienen al mundo, solos a seguir eso que impone el sistema: naces, creces, estudias, trabajas, te casas tienes hijos; reflexiona “dónde está la parte feliz, parte donde dicen que cumples tu sueño, realmente solo he venido a esto”. 

Por todo ese análisis, entendió perfectamente que hay que ser feliz con hijos, parejas, algo que realmente haga feliz, eso lo que la haces feliz, eso que cuando te levantas hace brillar los ojos, que algo más que despierte tu ser, que no hace parte de lo que la gente te dice que debes de hacer.

Para esta joven riohachera viajar y conocer diferentes culturas es lo de ella, lo que le apasiona y le encanta, que cada día se levanta y encontrarse en lugar diferente, que cada día tenga que crear algo nuevo, que esté fuera de la rutina.

Renuncia de su trabajo para el año 2016, tomó una mochila y se fue del país, sola y con muchas ganas de experimentar cosas nuevas; probar una gastronomía diferente, conocer nuevas personas, nuevos lugares, hacer deportes extremos como lo es Canopy, Rafting.

Es de mencionar que lo más gratificante para Lizeth, era conocer sus nuevas habilidades para vender, hacer artesanías, ser profesora de bailes, Dj, administradora de restaurante, representante de equipos de fútbol, entre otras.

En su visita a Fortaleza, Brasil.

Tiempo más tarde se le ocurre la brillante idea de crear un grupo que actualmente tiene, llamado » El club de las mujeres que viajan solas por el mundo» con alrededor de 139.000 miembros, creado por la necesidad de tener un espacio después de haber estado en la orilla del miedo de viajar sola y en la otra orilla de lograrlo.

Es de resaltar que para muchos seres humanos el miedo de viajar solo, o iniciar un viaje en solitaria es un patrón que se repite mucho, entonces decidió unir estás dos orillas; unir a las que tienen miedo con las que ya lo hacen y ahora son libres de todo.

El club tiene un muro en dónde pueden pedir ayuda sobre tus próximas aventuras, y es el espacio para empoderar a las mujeres a través de anécdotas, además cuenta con embajadoras en varios países, para que se sientan con más confianza al viajar, el club genera encuentros tanto virtuales como presenciales.

Los objetivos del Club, para Lizeth, siguen intactos: “seguir empoderándonos entre nosotras, seguir cumpliendo sueños voladores sin ser perseguidas ni señaladas”. Acompañarse, hacerse cargo del concepto de sororidad, pedir ayuda si se necesita, ayudar si alguna lo solicita.

Lizeth, su paso por Guayaquil, Ecuador.

No sólo como creadora del espacio de encuentro virtual sino también como bloguera, esta joven asegura que es de las personas que quieren contar historias, y que para eso, es necesario salir, andar, tropezarse y resolver.

Lo que les desea dejarles como aprendizaje a las mujeres, es arriesgarse a lo desconocido, siempre genera dudas pero cuando algo instintivo ruge adentro, hay que hacerle caso. Al inconsciente machismo que abunda por los medios de información y el que se transmite de generación en generación.

Para finalizar Liz comenta: “estamos a tiempo de decirle que no, no aceptamos que la condición de mujer sea impedimento y acusar la falta de compañía como motivo o causa, es un absurdo”.  En plena ruta, Liz se dio cuenta de esto y sin sospecharlo, se encontró con un movimiento mundial en potencia de compañeras que piensan igual.

-Publicidad-