Remedios De Armas Prado, es una de las matronas quien también sigue transmitiendo esta labor a las nuevas generaciones.

A sus 70 años Felicita Beatriz recuerda como fueron esos tiempos de juventud cuando la recolección del corozo y la tamaca eran el sustento de la familia, hoy día sigue estando presente en las nuevas generaciones quienes reconoces el laborioso proceso de este oficio para sacar el aceite natural y mantener vivo el legado de sus ancestros.

Felicita Beatriz Prado Amaya, natural de Juan y Medio ha sido la matrona encargada de transmitir esta labor a sus hijos y nietos, hoy a pesar de su edad se le ve moliendo y dando el ‘visto bueno’ sobre la producción de este aceite, que debido a su origen natural es considerado por muchos como medicinal.

Esta mujer ejemplo de trabajo, lucha y templanza que caracteriza a la raza negra, recuerda sus años de juventud y le viene a la memoria sus quehaceres diarios de esos años donde el sustento se labraba con las manos: Sembrado, cosechando y procesando.

Este proceso consistía en recolectar los frutos o ‘coquitos’ de las palmeras, que luego eran arrojados al corral de vacas, estas se encargan de quitar la cascara, días después los ‘coquitos’ eran recolectados por quienes se encargaban de la producción del aceite.

Felicita Prado Amaya, es quien da el visto bueno de todo el proceso a sus nietos.

“Cuando joven yo recolectaba el corozo y la tamaca, salíamos el grupo de mujeres en buses a las fincas donde había ganado a recoger los bultos de tamaca, el ganado lo traía del monte al corral y ahí lo recogíamos”, indicó.

Ya con la materia prima en casa la pangaban para quitar la cascara gruesa y sacar el coco, después de pangada le agregaban un poquito de agua y era molida, seguido a este proceso sacaban la leche, con la cual se hace el chicharrito, uno de sus derivados, comentó Felicita Beatriz, aclarando que eran dos procesos diferentes uno para el chicharrito y otra para el aceite.

“Para hacer la manteca uno panga el corozo, lo tuesta, lo muele, pone en una olla por la mitad de agua y la monta en el fogón en esa olla se echa el corozo molido hasta que hierve bastante, luego lo baja y se echa agua fría, con una cuchara se va sacando la manteca en un caldero aparte, después la pone en el fogón hasta que hierva y cuando se haga una espuma blanca uno la baja y la deja sentar y enfriar para embazarla en botellas”.

Tamaca y Corozo es la materia prima de este proceso de elaboración.

Son varios el empleo que tiene este producto, indica la matrona: “También se puede sacar solo la leche y con esa leche se hace mazamorra de maíz o arroz, bien sabrosa. La manteca también era utilizada como suavizador para el cabello, ahora como ya hay tantas cosas no la usan, pero era la vaselina de ese tiempo”.

Comenta también que existen dos formas de procesarla: En frio y caliente, “anteriormente los papás de uno la sacaban con frío, pangaban tres veces el corozo y lo dejaban en sereno una noche, el frio cuajaba el corozo y cogía tres piedras y así lo molía, luego lo echaba en agua y lo meneaba con una paleta, eso boyaba una manteca blanquita, así se hacía con frío”. 

De esta forma se sigue obteniendo este producto de la canasta básica, que sigue siendo utilizado para la preparación de sus alimentos, la cual es procesada ahora por los hijos y nietos, ella solo observa y comprueba que el proceso se dé bien.

Actualmente son los nietos quienes se encargan de buscar el coroza y la tamaca.

Para ella este es una manera clara de decir que se ganan el sustento de cada día con el trabajo de sus manos puesto que el aceite es utilizado para la preparación de los alimentos.

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