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Después de los repetidos temblores
ocurridos en Riohacha y en La Guajira que comenzaron  el día primero de mayo, el Departamento se ha
sorprendido, alarmado y consternado con todas las informaciones quien desde
algunos medios respetados de la prensa 
nacional se vienen haciendo en contra del Gobernador Juan Francisco Gómez Cerchar,
pero principalmente contra La Guajira toda.
Estas aseveraciones han sorprendido también
al exparlamentario Antenor Duran Carrillo, y le pide a sus coterráneos
defenderla,  porque se ha querido
estigmatizar a los dirigentes gremiales, cívicos, comunitarios, sociales y políticos. 

“Que sin quererlo y sin merecerlo estamos en ojo del huracán o mejor del
sunamy  queriendo destruir la grandeza de
este  pueblo. Según la revista Semana, en
La Guajira no hay institucionalidad, ni administrativa, ni política, ni civil,
ni tampoco policiva, no hay autoridad judicial: Fiscalía, Procuraduría, Contraloría
de que haga cumplir la Constitución, ni las Leyes de Colombia”. 

Para el exparlamentario de vertiente
liberal, esas afirmaciones son una infamia, y como hijo de esta tierra le
corresponde hacer una férrea defensa. “Tenemos suficientes razones para
reclamar un tratamiento digno, respetuoso, considerado y justo con más de
ochocientos mil habitantes que a pesar del abandono del Gobierno Nacional
mantiene en alto los valores de esta sufrida tierra, defendiendo la soberanía,
la civilidad política y la democracia”.
Refiriéndose a las denuncias realizadas al
Gobernador en el plano de lo personal, le corresponde a él hacer su defensa
ante las autoridades judiciales y ante los periodistas que lo acusan, como  efectivamente lo viene haciendo ante los
medios nacionales y ante las cuales también este pueblo le ha manifestado su
apoyo y solidaridad, confía en la justicia y que brillen la verdad.
Reprocha las ofensivas acusaciones de la
revista en argumentar que somos el semillero de las bandas y grupos ilegales de
la delincuencia de Colombia, que somos la cuna del secuestro y del tráfico de droga
de todos los carteles. Que este territorio es una tierra sin Dios y sin Ley.
Que somos la fuente del contrabando, a través de la frontera con los países
vecinos, nuestros indígenas son jaleadores de carros venezolanos, que hay un
contubernio entre mafias, clase dirigente, líderes y políticos del departamento.
Juan Francisco Gómez Cerchar
Dice que el país ha sido desigual con La
Guajira nos arrebataron nuestras regalías directas, la falta de empleos
formales, la nula participación de nuestros hijos en  el alto Gobierno y el constante abandono de
la Nación; sin embargo, mayoría de los guajiros, mantiene la confianza en sus
instituciones, en sus gobernantes y no se les puede hacer responsables por los
actos delincuenciales que según las mismas estadísticas son más protuberantes y
críticas en las grandes ciudades, como Bogotá, Cali o Medellín, donde el
presupuesto de la Nación derrama sus abundancias en medio de la más aberrante
corrupción y despilfarro.
También argumenta Duran Carrillo que no se
puede satanizar o  estigmatizar al Valle
del Cauca por sus altos índices de homicidios o Antioquia por los actos violentos
contra mujeres y niños, de nada servirían a su sociedad y a su pujante
raza.  Por eso, igualmente reclamamos
para nuestros habitantes no sólo consideración, sino principalmente respeto.
Igualmente rechazó las declaraciones del
Director de la Dian, cuando hace referencia a los comerciantes de Macao, al
negocio de los combustibles, al Régimen Especial Aduanero, lanzando un manto de
duda en contra de las autoridades militares y de policía. 
Nelson Vanegas
Nada sería más
injusto que desconocer el gran esfuerzo de los Generales Ricardo Restrepo, y
Adelmo Fajardo, como también el sacrificio de los coroneles Elbert Velasco de
la policía y Nelson Vanegas del batallón Cartagena, para perseguir a las
organizaciones al margen de la ley en este departamento.
Finalmente, Antenor Duran Carrillo, dice
que estos señalamientos injustos al pueblo de La Guajira, le recuerdan la frase
de Gilberto Alzate Avendaño, cuando dijo «A que extremo hemos llegado,
cuando el guardián del manicomio se ha contagiado de la locura».