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lunes, 2 de febrero del 2026

Escuelas que transforman territorios y dignidad educativa en La Guajira

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La educación volvió a ocupar un lugar importante en el mapa de prioridades del Estado en La Guajira. Con una inversión sostenida y obras ejecutadas desde 2024, el Gobierno del Cambio entregó una red de infraestructura educativa que mejora las condiciones de aprendizaje y la presencia institucional en este departamento históricamente olvidados, rurales e indígenas.
 
La culminación de estas obras se traduce en una educación pública que es una herramienta de justicia social. Más de 7.800 estudiantes de Uribia y Maicao hoy acceden a espacios dignos, seguros y adaptados a sus realidades culturales, étnicas reduciendo brechas que se mantuvieron por décadas.

Educación como acto de reparación histórica

En Uribia, capital indígena de Colombia y corazón de la Alta Guajira, el ministerio de Educación Nacional entregó la institución educativa Villa Fátima, sede principal, con una inversión superior a los 4.500 millones de pesos. La obra incluye aulas modernas, comedor escolar, cocina y dotación, beneficiando a más de 580 estudiantes, en su mayoría pertenecientes a comunidades indígenas.
 
Con la presencia del presidente Petro se pusieron al servicio de la comunidad educativa varias instituciones en el municipio de Uribia.
Con la presencia del presidente Petro se pusieron al servicio de la comunidad educativa varias instituciones en el municipio de Uribia.
En el mismo municipio fue entregada la sede Taguaira de la institución educativa Villa Fátima, con una inversión cercana a los 2.300 millones de pesos. Ocho nuevas aulas, servicios sanitarios y espacios de alimentación fortalecen la educación rural con enfoque étnico, beneficiando a 270 estudiantes, casi en su totalidad indígenas, con cobertura del Programa de Alimentación Escolar.

Infraestructura rural para cerrar brechas profundas

En la zona rural de Uribia, el centro educativo rural Valle del Parashi se consolida como una de las apuestas más significativas del Gobierno del Cambio. Con una inversión de más de 3.400 millones de pesos, la institución cuenta con 16 aulas y espacios complementarios que benefician a 760 estudiantes, fortaleciendo la permanencia escolar en contextos históricamente excluidos.
 
De igual forma, el centro etnoeducativo rural La Flor de Patajatamana, sede Aliapa–Wepiapa, recibió una inversión superior a los 2.000 millones de pesos. Esta obra beneficia a 370 estudiantes, en su mayoría indígenas, y refuerza una educación pertinente, articulada a la identidad cultural, con alimentación escolar y estrategias para mejorar la calidad educativa.
El ministro de Educación Daniel Rojas Medellin, se acerca a un estudiante de la etnia Wayuu, quien está al frente de un comuputador que fue entregado por el Ministerio.
El ministro de Educación Daniel Rojas Medellin, se acerca a un estudiante de la etnia Wayuu, quien está al frente de un comuputador que fue entregado por el Ministerio.

Formación técnica y visión de futuro

Una de las obras de mayor impacto en la Alta Guajira es la institución Etnoeducativa Técnica Agropecuaria Juyasirain. Con una inversión que supera los 6.200 millones de pesos, se entregaron 46 aulas y dotación escolar, beneficiando a más de 3.200 estudiantes y fortaleciendo la formación técnica y agropecuaria como apuesta productiva del territorio.
 
En Nortechón, corregimiento de Uribia, se ejecutaron obras de mejoramiento en la institución educativa Técnica Agropecuaria Marco Tulio Montiel Uriana. Con una inversión de 1.389 millones de pesos, se construyeron áreas recreativas cubiertas y abiertas, beneficiando a 1.200 estudiantes y reconociendo el deporte como factor clave para la permanencia escolar.

Educación urbana con enfoque diferencial

En Maicao, el Gobierno Nacional entregó la Institución Educativa No. 1, sede Norberto Iguarán, con una inversión cercana a los 2.000 millones de pesos. La obra incluyó aulas, servicios sanitarios, espacios docentes y dotación, beneficiando a más de 200 estudiantes afrodescendientes e indígenas, fortaleciendo la educación urbana con enfoque de inclusión y diversidad.
 
 
De manera complementaria, el ministerio de Educación, a través de Findeter, adelantó obras de adecuación en instituciones rurales afectadas por la ola invernal. Estas intervenciones garantizan entornos seguros y dignos, respondiendo de forma oportuna a emergencias climáticas que impactan directamente la continuidad educativa.

Energía limpia y respuesta al cambio climático

En la institución etnoeducativa Integral Media Luna, en zona rural de Uribia, se construyeron nuevas aulas con sistemas de energía fotovoltaica, beneficiando a más de 450 estudiantes. Estas obras integran sostenibilidad ambiental y acceso a servicios básicos, una necesidad estructural en territorios con limitaciones energéticas históricas.
 
En Dibulla, la Institución Etnoeducativa Internado Rural Dumingueka recibió mejoras en aulas, biblioteca y dormitorios, también con energía solar. Cerca de 500 miembros de la comunidad educativa fueron beneficiados, reafirmando el compromiso del Gobierno del Cambio con la protección de niños, niñas y jóvenes en contextos rurales vulnerables.
 

Seguimiento y continuidad institucional

El ministerio de Educación Nacional anunció recorridos de seguimiento en Uribia y Maicao para evaluar el impacto de las obras entregadas y fortalecer el diálogo con las comunidades educativas. Además, se dará continuidad a proyectos en ejecución como la Institución Educativa Nuestra Señora de Fátima, sede Yawaca, en Manaure.
 
Con estas acciones, el Gobierno del Cambio tiene una visión política pretendiendo una educación pública digna, con enfoque territorial y étnico, es la base para transformar La Guajira. Las escuelas entregadas además de educar, también devuelven dignidad, confianza institucional y futuro a comunidades que durante años esperaron ser prioridad.
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