Jhon Jesús Barros Bolaños, de solo 23 años, no es una cifra más en las estadísticas de violencia guajira. Tras sobrevivir a un ataque el 29 de enero en la Comuna 10 de Riohacha, su traslado a una clínica de alta complejidad en la costa representa una victoria de la vida sobre un sistema que suele ser letal.
Su caso desnuda la cruda realidad política de Riohacha: la falta de infraestructura médica especializada que obliga a los heridos a cruzar fronteras departamentales para no morir. Jhon resistió intervenciones quirúrgicas críticas en órganos vitales, demostrando una voluntad de hierro que desafía la precariedad de los servicios de salud locales y la inseguridad ciudadana.

Ahora, en una clínica especializada, Jhon busca recuperar su tráquea y su futuro. Su familia no solo pide un milagro divino, sino que espera que su retorno a la «patria chica» sea el inicio de una vida dedicada al servicio. Su historia es un llamado a las autoridades para proteger la vida de sus jóvenes.












