La mañana del 26 de enero dejó una escena que estremeció a muchos habitantes del corregimiento de Tomarrazón, zona rural de Riohacha. Un hombre herido fue auxiliado por la Policía, sin que se conociera entonces su identidad. Días después, la Décima Brigada confirmó que se trataba de un soldado secuestrado, quien hoy lucha por su vida tras sobrevivir a la violencia.
El militar, adscrito al Grupo de Caballería Mecanizado N.° 2, permanece bajo atención médica especializada. Presenta heridas por arma de fuego y signos evidentes de tortura, secuelas físicas que revelan el sufrimiento vivido durante su cautiverio, mientras su familia y compañeros aguardan noticias con esperanza contenida.
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Un secuestro en indefensión
De acuerdo con el Ejército, el soldado se encontraba de permiso cuando fue retenido en una zona rural del municipio de Dibulla. Estaba desarmado y en total estado de indefensión, una circunstancia que agrava la dimensión humana del hecho y expone la vulnerabilidad de quienes, aun fuera del servicio activo, siguen siendo blanco de la violencia.
La Décima Brigada rechazó de manera categórica este acto criminal atribuido al grupo ‘Los Pachencas’, señalando que constituye una grave violación a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, principios que buscan proteger la vida incluso en medio del conflicto.
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Dolor, silencio y preguntas
De forma extraoficial se conoció que junto al soldado habría sido hallada una persona sin vida, aún sin identificar, cuyo cuerpo permanece en la morgue de Riohacha. Un silencio que duele y abre interrogantes, mientras La Guajira vuelve a pedir que la vida y la dignidad humana sean respetadas.











